La probabilidad es muy engañosa. No hay más que fijarse en cómo caemos cada año en las garras de la lotería, en cómo tenemos la oculta esperanza de que nosotros nos vamos a llevar el Gordo. Pero no; año tras año la ilusión se derrumba mostrándonos una fría (o acogedora) realidad.
¿Que qué narices tiene que ver esto de la probabilidad con las margaritas? Relacionándolo con el título da la sensación de que a continuación se va a mostrar la probabilidad de que una margarita nos engañe o nos asfixie con su embriagante olor… pero no. Este post surge como consecuencia de uno de esos días en los que la cabeza se me va y empiezo a pensar en el sexo de los ángeles y cosas parecidas. Ese día, quizás porque estamos en primavera, me acordé de la función de pitonisas que a veces se les otorga a las margaritas. El típico “me quiere, no me quiere”, vamos. Si no lo recuerdo mal, la costumbre para saber si una persona te quiere o no, consiste en ir arrancando un pétalo a la margarita alternando “me quiere” y “no me quiere” cada vez que lo hagamos. El último pétalo nos dará la respuesta.
En realidad no hace falta llevar a cabo tal sacrificio, desde luego (seguro que la margarita nos lo agradece). Basta con contar el número de pétalos y (suponiendo que, siguiendo la tradición, empezamos por “me quiere”) si es un número par la persona amada no nos quiere; sin embargo, si es impar sí nos quiere.
Pero veamos ahora. ¿La probabilidad de que la margarita tenga un número par de pétalos es igual a que el número sea, por el contrario, impar? Esa fue la pregunta que me hice, pero la verdad es que no lo sé. En una primera aproximación a la respuesta podemos pensar en la sucesión de Fibonacci (1, 1, 2, 3, 5, 8…), esa cuyos términos se forman a partir de la suma de los dos anteriores (excepto para el primer y segundo término, que valen los dos uno). Es conocido que los pétalos de las margaritas suelen ser tantos como uno de esos términos. ¿Y si nos imaginamos que la probabilidad para que cada uno de estos términos represente el número de pétalos es la misma (bueno, imaginémonos que hasta el término 21, por ejemplo, que no me atrevo a lidiar con el infinito)? Pues veamos en qué proporción se distribuyen los números de dicha sucesión (I para impar, P para par):
I, I, P, I, I, P, I, I, P…
Es fácil ver que esta distribución se repetirá siempre. Por lo tanto, hay más o menos (dependerá del término en el que nos paremos) el doble de impares que de pares (ya digo que siempre que no nos metamos con el infinito). Mas la naturaleza no es tan sencilla. He intentado averiguar cuál es el número de pétalos que con mayor frecuencia tiene una margarita, pero las respuestas por Internet son muy variopintas y no me apetecía ponerme a contar más y más pétalos para llegar a una conclusión razonable, además de que seguro que existen más de una clase de margaritas. Veamos:
En esta página se nos dice: ¿Por qué las margaritas tienen generalmente 34, 55 u 89 pétalos?
En El rincón del vago se llega a la siguiente conclusión: Al observar y contar los pétalos de las flores se llega a que las conocidas margaritas tienen 8, 13, 21, 34 pétalos
Leyendo esto nos damos cuenta de que 13 es el número de pétalos que más veces ha encontrado el autor.
Pues la verdad, yo me he quedado donde estaba, aunque me decantaría más por que el número de margaritas con pétalos impares es mayor, o sea, es más fácil que obtengamos un “me quiere” como respuesta. Si es así… ¡ahora entiendo el auge de este método adivinatorio!… Si es que… se me va la olla de una manera…
Imagen de librodearena.com

WUau Sara!!
Me encantan tus reflexiones, ahora me toca darle al coco a mí jajaja!! La verdad es que me ha encantado tu post, y eso de que se te va de una manera…. como tu dices, no es cierto, a mi me gusta!!
La verdad es que ahora yo también entiendo esa costumbre de deshojar a las pobres margaritas… a los enamorados si que se nos/ les (que yo no estoy enamorada) la cabeza, pero claro…como aparentemente existe más probabilidad de encontrar un dato impar de número de pétalos… (porque yo también lo creo) tenemos la esperanza de que sea ella la que nos verifique el amor!! Ay madre…eso si que da pena jaja, la de bobadas que hacemos cuando estamos enamorados!!!
Sinceramente, enhorabuena por la entrada; es genial!!!
P.D: Voy a cambiarte un poquito de tema, vale?
Era solo por el comentario que has dejado en mi blog. QUe no te preocupe lo de denominarlo cuadradito de colorines jaja, sé que es un cubo, pero la ignorancia del hablante,a veces se va a lugares inimaginados… y ahí se ha ido la mía!!!
Un besito!!!
[...] Hoy voy a hablaros sobre la relación que hay entre el amor y las matemáticas. He decidido trabajar, o mejor dicho, investigar o pensar sobre ello debido a una entrada que leí en el blog de una de nuestras colaboradoras de clase: Sarita sobre los dotes adivinatorios de las margaritas en relación con el amor y sobre la relación que estas guardan con la probabilidad. Aquí os dejo el enlace para ir a su blog, porque sin duda no tiene desperdicio http://sferrerobravo.wordpress.com/2008/04/11/%c2%bfnos-podemos-fiar-de-las-margaritas/ [...]
[...] una investigadora de nuevas tecnologías en la didáctica de las matemáticas ha publicado un post al respecto, que recomiendo leer. No hace falta tener conocimientos de matemáticas para comprender [...]