Las voces del desierto es uno de esos libros que te dejan huella… o por lo menos en mi caso, claro… Quizás porque uno de mis sueños es encontrarme algún día con una tribu, una de esas que llaman, tan a la ligera, salvajes. Este libro trata de eso (y de mucho más): el viaje de una norteamericana de ciudad, la propia autora del libro, por el Outback australiano en compañía de una tribu de aborígenes.
La verdad es que el libro entero es una lección en toda regla para la sociedad en la que vivimos, tan
competitiva, tan dormida, con un ritmo tan frenético; y sería aún mayor si la historia relatada fuera verídica… pero parece que hay cierta polémica al respecto, a pesar de que la autora lo vende como algo que realmente le sucedió. Sin ir más lejos, en la propia entrada para Marlo Morgan, la autora del libro, en la wikipedia, se dice que En una reunión con los representantes autralianos Marlo Morgan admitió que la novela era un trabajo de ficción. De todas formas, sea la historia real o no, creo que de ella podemos aprender mucho.
Para una reseña amplia puedes acercarte hasta aquí, pero lo que ahora quería compartir contigo es un trocito del libro. Trocitos hay muy buenos, y me imagino que cada uno eligiría uno diferente dependiendo de su forma de ser, pensar… o incluso del momento. A mí me gusta mucho el que a continuación muestro, quizás porque relata muy bien uno de mis principios para vivir: no hay nada bueno ni malo. Todo tiene las dos caras de la moneda.
Lo que a continuación voy a transcribir son las palabras que uno de los aborígenes le dirige a Marlo cuando ésta se encuentra desesperada por los enjambres de moscas que llenan el aire, los oídos, las narices, los ojos… y el resto del cuerpo. Marlo dice al respecto:
Llegué a comprender perfectamente que una persona cubierta por millones de patas de insectos en movimieno pudiera volverse loca.
Esto es lo que le dice el jefe Cisne Negro Real a la protagonista:
Todo en la Unidad tiene un propósito. No hay monstruos, inadaptados ni accidentes. Sólo hay cosas que los seres humanos no comprenden. Tú crees que las moscas son malas, son un infierno, así que para ti lo son, pero sólo porque te faltan entendimiento y sabiduría. Lo cierto es que son criaturas necesarias y beneficiosas. Se meten en nuestras orejas y nos limpian la cera y la arena que tenemos después de dormir cada noche. ¿Te das cuenta de que nuestro oído es perfecto? Sí, se meten por nuestra nariz y también nos la limpian. -Señaló mi nariz y dijo-: Tú tienes unos agujeros muy pequeños, no tienes la nariz de un gran koala como nosotros. Los días venideros van a ser mucho más calurosos y tú vas a sufrir si no tienes la nariz limpia. Con un calor extremo no se debe abrir la boca al aire libre. De todas las personas que necesitan una nariz limpia, tú eres la más necesitada. Las moscas se nos acercan y se pegan a nuestro cuerpo y nos quitan todo lo que se elimina. -Extendió un brazo y prosiguió-: Mira lo suave y lisa que es nuestra piel, y fíjate en la tuya. Nunca habíamos conocido a una persona que cambiara de color sólo por caminar. Llegaste a nosotros de un color, luego te pusiste roja, y ahora se te está pelando la piel. Cada día que pasa te vuelves más pequeña. Nunca habíamos visto a nadie que se dejara la piel en la arena como una serpiente. Necesitas que las moscas te limpien la piel, y algún día iremos al lugar en que las moscas han depositado sus larvas y se nos volverá a proporcionar el alimento. -Exhaló un profundo suspiro. Me miró con fijeza y dijo-: Los seres humanos no pueden existir si eliminan todo lo que es desagradable en lugar de comprenderlo. Cuando llegan las moscas, nos rendimos a ellas. Tal vez tú estés preparada ya para hacer lo mismo.
Pues eso, esperemos que también nosotros logremos rendirnos a esas moscas del día a día, esos problemillas tan molestos que no comprendemos. ¿Lo lograremos? Yo por lo menos lo intentaré.