
Fuente de la imagen: http://www.andrewlownie.co.uk
Ayer tuve el gran privilegio de conocer a Daniel Tammet , aunque no en persona, pero sí en un documental. Puede que muchos ya lo conozcáis porque salió “a la luz” allá por 2004. De Daniel podemos decir que es una persona única (aunque, ¿quién no lo es?) y, aunque el Síndrome de Asperger (a quien quiera conocer algo más sobre este síndrome le recomiendo leer el fantástico libro El curioso incidente del perro a medianoche) le sigue a donde quiera que vaya, eso no le ha impedido llevar una vida “normal”.
Entre las habilidades de Tammet nos encontramos con su facilidad para aprender idiomas (aprendió islandés, uno de los idiomas más difíciles, en una sola semana), para hacer cálculos matemáticos en un pis pás, para distinguir números primos y números compuestos (otro ejemplo de este hecho se puede leer también en El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, libro que también recomiendo) o la memorización y recitado de pi con 22.514 dígitos en algo más de cinco horas (lo que le ha dado el récord europeo de memorización de dígitos de Pi)…
Ya sé que hay más personas que Tammet que hacen estas cosas o parecidas, pero lo bueno de Tammet es que, a diferencia de otros, es capaz de explicar los procesos que se desarrollan en su cabeza… ¡y es magnífico! La sinestesia, o mezcla de impresiones de sentidos diferentes, es una de las principales características que le permite a Daniel realizar esos prodigios: para Daniel los números, literalmente, son como obras de arte; para él tienen textura, color, forma, tamaño… Cuando Daniel multiplica dos números ve dos formas, e instantáneamente aparece otra forma en medio, que es el resultado. Distingue los números primos de los compuestos también de la misma manera: los primos son diferentes en su forma, textura… a los compuestos. ¡Para él los números son mucho más que meros símbolos: están llenos de vida! Esto le permite comprobar la belleza de Pi o introducir el número 289 dentro del paquete de los feos. ¿No es magnífico?
Por cierto, lo de la sinestesia, aunque a un nivel más difuso, no es tan raro (una de cada 23 personas, dicen, lo tienen). Puedes hacer un pequeño experimento, además, para percatarte de que, por ejemplo, no les asignamos los sonidos a los objetos arbitrariamente. El test es el siguiente:
Imagine que una tribu remota llama a una de estas dos formas Booba y a la otra Kiki. Trate de adivinar cuál es cuál y clique en la imagen para valorar su respuesta. Debajo de la respuesta en inglés, aparece la respuesta en español
Lo gracioso es que yo no sabía que eso de la sinestesia existía, pero lo cierto es que todavía me acuerdo del día, ya lejano, en el que tanto mi madre, como mi hermana María, como yo, nos dimos cuenta de que las tres asociábamos cada palabra con un color, ¡y todo adornado con las burlas de mi padre que, desde luego, pensaba que estábamos locas o algo parecido! La verdad es que con el tiempo olvidé todo esto… y ahora parece como si ya casi no pudiera realizar esa asociación ¡Una pena! (Por lo menos mi nombre, Sara, sí que logro asociarlo con el color verde).
Bueno, y ahora, para no cansarte con tanta palabra, te dejo con el documental que vi (lo que pasa que éste está en inglés… No lo encontré en español):
¡Ah! Un último apunte: a Tammet también se le ha “catalogado” con el Síndrome del Sabio. Podemos ver en el siguiente vídeo (hay otros tres que le siguen) algunos ejemplos de personas afectadas por este síndrome:
Al ver estos vídeos he leído varios comentarios de personas que dicen que les gustaría tener esos “poderes”, pero lo cierto es que no es oro todo lo que reluce. Desde mi punto de vista esas personas tienen capacidades y habilidades muy notables en algunos aspectos, pero eso viene en detrimento en otros, sobre todo a nivel social. En este mundo nada es absolutamente bueno ni absolutamente malo. A mí también me gustaría volar, tener una visión de rayos x o una fuerza descomunal, pero soy consciente de que la vida de superman no es más sencilla ni mejor por poseer estos dones. Ahora yo te digo: imagínate incapaz de comprender los sentimientos de los demás, incapaz de leer entre líneas, incapaz de entender el lenguaje corporal más sencillo, incapaz de entender lo que significa una caricia o un abrazo. Eso, que la mayoría de las personas hacen de manera automática, no es nada fácil para algunas de estas personas; otras igual no son capaces ni siquiera de vestirse sin ayuda… ¿Cambiarias todo eso que ahora tú haces natural y espontáneamente por esas habilidades especiales? Desde luego, hay casos raros, como el de Tammet, que se defiende muy bien, pero aún así, yo, que tengo problemas en habilidades sociales, sé, en parte, lo que es eso, y no creo que estas personas sean más felices por sus “dones”. Casi diría que al contrario.




me interesa este tema,mucho,me gustaria recibir mas informacion sobre este tema,gracias
atentamente
lluisa bertran
Siento no poder ayudarte, llui. Lo que escribí en el post es todo lo que sé. Suerte en tu búsqueda.
Un saludo.
Interesante, gracias por compartir la información,
Dios es justo, he allí una razón de tu opinión final.