Ayer vi el número 23… Puede que en este momento se te esté pasando por la cabeza algo así: <bueno, y yo vi el 35, ¿y qué?>. Eso me ocurre por no poner las cosas como es debido; luego vienen las malas interpretaciones… Lo que quiero decir es que vi “El número 23″, una película estrenada en el 2007 (voy con algo de retraso, lo sé). La sinopsis que nos encontramos en La butaca es la siguiente:
Atrapado en una espiral obsesiva con el número 23, Walter Sparrow (Jim Carrey) convierte su vida en un auténtico infierno que podría conducirlo a su propia muerte e incluso provocar la de sus seres queridos. Estimulado por una misteriosa novela, Walter se ve obligado a descifrar los secretos de su pasado antes de poder proseguir su futuro con su esposa, Agatha (Virginia Madsen), y su hijo adolescente, Robin (Logan Lerman). La novela, regalo de su mujer, trata de una serie de misteriosos asesinatos y parece reflejar la vida de Walter de una forma oscura e incontrolable.
Pero si quieres una información más visual (aunque casi diría “desinformación”, pero ya sabemos, hay que mostrarla atractiva a la vista, donde atractiva equivale a dejar entrever los momentos más violentos y sangrientos de la película), puedes ver el trailer:
Me imagino que si has visto la película no te pusiste como loco (o loca) a intentar encontrar el número 23 por todas partes en tu vida… porque si lo hiciste es seguro que lo encontraste. Por ejemplo, sin ir muy lejos, yo nací el 25-4-84. Si sumas todas las cifras te da… Otro ejemplo: las cifras de mi número de DNI suman 32 (23 al revés, para los poco observadores), y además, para el que no lo sepa, el cálculo de la letra tiene que ver con el número 23... No he querido seguir indagando no sea que me obsesione yo también, aunque se me ha ocurrido que habría estado genial ir a ver esa película en el cine en el 2007, cuando cumplí… 23 años (como la estrenaron el 20 de abril en España, es seguro que todavía estaba para entonces)
Lo cierto es que si miramos detenidamente, estas “coincidencias” nos pueden ocurrir con cualquier número… Una cosa que me gustaba hacer antes (ahora ya no lo suelo hacer) es intentar crear igualdades con las cifras de las matrículas de los coches (por ejemplo, si tienes 1257, puedes crear la igualdad 1.7 = 5 + 2) o también intentar “seguir la serie” (si tienes 1248, el siguiente número puede ser el 16); lo cierto es que muchas veces conseguía las igualdades o seguir la serie (esto ya no tanto), y eso sin pararme a pensarlo mucho, lo que nos da una idea de lo “maleables” que son los números.
Me parece ideal mostrar otro ejemplo, aunque ahora con el número 5. La idea es de Martin Gardner, que la apuntó en Fads and Fallacies in the Name of Science, intentando demostrar lo absurdo del análisis sobre el número 5 en La Gran Pirámide que hizo Piazzi Smyth, pero yo la cito a partir del libro “La proporción Áurea“, de Mario Livio:
Si uno busca los datos del Monumento a Washington en el World Almanac, encontrará numerosas referencias al 5. Su altura es de 555 pies y 5 pulgadas. La base tiene 55 pies cuadrados y las ventanas están situadas a 500 pies de la base. Si multiplicamos la base por 60 (o 5 veces el número de meses del año) obtendremos 3300, el peso exacto en libras de la piedra que corona el edificio. Además, la palabra <Washington> tiene exactamente diez letras (dos veces cinco). Y si multiplicamos el peso de la piedra que corona el edificio por la base del mismo, el resultado es 181500, una aproximación bastante precisa de la velocidad de la luz en millas por segundo.
Centrémonos de nuevo en la película… Desde luego la película es ficción, pero al verla uno (o una) puede encontrarse con que una pregunta se ha acomodado a su lado: ¿en la “vida real” existen personas con estas obsesiones? No he indagado mucho sobre el asunto, pero podemos decir que Fliess (un otorrinolaringólogo muy amigo de Freud) tenía una obsesión de este tipo, y además también con el número 23, aunque acompañado del 28. En Los ciclos de Fliess leemos:
Fliess supone que la vida de las personas está regida por dos ciclos, el femenino (28 días) y el masculino (23 días). Ambos se suceden con total precisión desde la fecha del nacimiento, y el carácter de la persona viene condicionado por la predominancia de cada uno. Obviamente, el ciclo de 28 días (claramente inspirado en la menstruación) preside la vida femenina, con las características, cualidades y defectos fundamentales del sexo: sentimientos, creatividad, intuición, amor, cooperación, alegría. El de 23, la masculina, asociada a cualidades como la fuerza física, la confianza, la agresividad, la resistencia. La mayor o menor componente de cada uno determina la “ecuación vital” del individuo, pues, según Fliess, todos tenemos componentes de ambos sexos.
Y para demostrar que su adoración a esos dos números tenía sentido, entre otras cosas, ”descubrió” que cualquier
número natural era expresable como suma o diferencia de un múltiplo del número 28 y otro del número 23, por ejemplo:
609 = 23.35 -28.7
Lo cierto es que los conocimientos de aritmética de Fliess eran los básicos, y eso le impidió saber que, en realidad, ese “descubrimiento” era válido para cualesquiera dos números primos entre sí… Aunque no lo vamos a demostrar, gracias al Algoritmo de Euclides podemos llegar a la conclusión de que dados dos números a y b, que sean primos entre sí, podemos encontrar (siempre) dos naturales x e y, de manera que o bien 1= ax-by, o bien 1=-ax+by; por ejemplo, para a=23 y b=28, tenemos que x=11 e y=9, de tal forma que:
1=23.11-28.9,
y es evidente que a partir de aquí se puede realizar la igualdad para cualquier número sin más que multiplicar por ese número a ambos lados de la igualdad, por ejemplo:
1.2=23.11.2 -28.9.2, entonces 2= 23.22-28.18
Ya, para terminar, me gustaría también dar un poco de protagonismo al número áureo en esta historia, porque éste si que ha llevado a error a muchas más personas. Es cierto que el Número Áureo está presente en muchos sitios, pero hay que tener cuidado en dónde miramos, porque no es oro todo lo que reluce. De esto ya nos avisa Mario Livio en el libro mencionado anteriormente, La Proporción Áurea. Mario dedica gran parte de un capítulo de su libro a comprobar si podemos afirmar rotundamente que los antiguos egipcios querían plasmar la Proporción Áurea en La Gran Pirámide, y su conclusión final es que esto no está tan claro. El capítulo lo comparte también con los antiguos babilónicos y algunas de sus tablillas, llegando a una conclusión similar. Pero demos la palabra a Livio para que nos ilumine:
Cada vez que se miden las dimensiones de una estructura relativamente compleja (un dibujo en una estela o un aparato de televisión, por ejemplo), se puede elegir entre una amplia gama de longitudes. Siempre y cuando se ignoren partes del objeto en cuestión, si se dispone de la paciencia para modificar y manipular los números de diferentes modos, es probable que se consigan algunas cifras interesantes. [...] La segunda cuestión que olvidan a menudo los vehementes aficionados de la Proporción Áurea es que cualquier medición de longitudes implica errores e inexactitudes. Es importante comprender que cualquier error en la medición de longitudes comporta un error aún mayor en la proporción calculada.
Y para respaldar sus palabras da un ejemplo: el televisor de su casa también parece guardar al Número de Oro en sus estructuras, siempre y cuando escojamos las medidas y líneas adecuadas.
Seguramente haya más ejemplos, pero creo que por hoy ya es bastante… Ya sólo me queda comentar el cuidado que tenemos que tener cuando hablamos de cualquier suceso que nos pueda parecer paranormal. Que conste que con esto no estoy diciendo que esté totalmente en contra de los fenómenos paranormales, pero también es cierto que las pistas erróneas, los fraudes, las obsesiones que nos hacen ver lo que no hay… abundan. Por eso, aunque no esté en contra de nada de esto, respeto a los que sí lo están, y por eso me parece importante que te pases por Ciencia en el XXI y te apuntes si quieres a su Comunidad de los que no conocen a gente con poderes paranormales… ¡Ah! Yo la conocí por el post Interesante comunidad de da-beat.






¡Gran entrada!, en serio, genial. Un planteamiento muy racional de una manía persecutoria de numerólogos y aburridos. Aunque, como tú, me gusta jugar con los números para soñar cosas.
Yo ví “El número 23″ en el cine, cuando la estrenaron, con la idea de dedicarle un post, pero nunca lo hice. No sabía muy bien qué poner, así que me alegro que tú si hayas podido hacerlo.
Por cierto, no entendí una de las “casualidades” de la película, algo como que el color rosa era el 94 que, dividido entre 4 era… ¡23!, o algo parecido. pero estoy contigo en que podemos encontrar cualquier número que busquemos en cualquier sitio. Otro ejemplo de esto es la cantidad de números 11 que rodeaban al 11-S. “The Pentagon” o “George W Bush”, por ejemplo, tienen 11 letras, y muchos más ejemplos que me llegaron por mail y que ya no recuerdo.
Como dirían en “El Hormiguero”: Los números… esos grandes desconocidos.
A mí también me llegaron al correo ejemplos de lo del 11-S, pero no me acordaba de ejemplos y no sé qué haría con el correo, así que lo dejé pasar. Me parece genial que lo hayas apuntado en la entrada.
En lo del color rosa y todo eso debo confesar que no me enteré de las asociaciones extrañas que hacía: demasiado rápido para mi cabeza. Lo que si me fijé es que ya al principio de la película aparecía el 23 por todas partes. Me acuerdo de sumar las cifras de dos números y en ambos daba 23, lo que no me acuerdo es de dónde estaban estos números (será porque mi atención estaba concentrada en la suma).
Gracias a los dos por vuestros comentarios. Nos vemos