Este post no va de matemáticas, aviso (así que si es tu único interés no sigas leyendo). Mis lectores asiduos habrán podido comprobar que algunas veces mis posts se desvían de la Reina de las Ciencias y se adentran en parajes de lo más variopintos. Muchas veces la tristeza deja asomar sus pesadas alas sobre ellos. Hoy no. Ya es hora de cambiar de tuerca. ¿Para qué llenar más el valle de lágrimas? ¿Por qué no secar esas lágrimas al son del brillante abrazo de los rayos cálidos del corazón?
Hoy estoy feliz, hoy soy feliz… ¿Por qué? Porque estoy enamorada… enamorada de la vida, enamorada del mundo, enamorada de tu sonrisa (la tuya lector, lectora, lectoro), enamorada del Amor, así, con mayúscula. Quería compartir esa felicidad. Ésta es una manera de hacerlo.
Hoy estoy feliz, hoy soy feliz, soy, soy, soy Felicidad, soy Paz. Amo al pobre y al rico, al león y al lagarto, a la flor y al cardo, al vicioso y al santo, al honesto y al mentiroso, al militar y al pacifista, a la mujer y al hombre, al feo y al guapo, al listo y al tonto, al loco y al cuerdo, a la ciudad y a la montaña; a ti, lectora, lector, al asesino y al médico. Así, sin distinciones. Puede parecerte un poco fuera de lugar que me “ponga de parte” de los “malos”, de los asesinos, de los terroristas… Me dirás que enviándoles mi amor soy como ellos. Me dan igual tus juicios (también amo a los que juzgan
). Tengo mis razones; no comparto el ojo por ojo ni el diente por diente; tampoco comparto el ojo por medio ojo. Comparto la oscuridad por la luz. No se puede pretender sacar a alguien de la oscuridad con oscuridad, sino con luz. No comparto el trata a los demás como te tratan a ti. Comparto el trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti.
No me resisto a volver a poner este vídeo porque me encanta y tiene mucho que ver con lo que estoy diciendo:
Tampoco me resisto a poner esta escena (si no quieres ver todo, la escena de la que hablo se encuentra a partir del minuto 4) de la magnífica película “El guerrero pacífico” (es mi preferida. Creo que desde que la vi, hace más o menos dos años, he repetido unas 6 veces. Tiene un gran poder terapéutico y comparto cada una de sus palabras):
Sí, a los que más cuesta amar son los que más lo necesitan. Claro, una cosa es saberlo (conocimiento) y otra HACERLO (sabiduría).
Ahora soy FELIZ ¿Por qué? Porque he dejado de buscar la felicidad en el futuro; al futuro nunca se puede llegar: el burro en la noria nunca podrá atrapar la zanahoria que le han puesto delante de sus narices (y nunca mejor dicho), porque siempre estará delante de sus narices por mucho que se mueva. Por alguna razón a nosotros nos gusta jugar al mismo juego: siempre estamos buscando nuevas zanahorias que colocamos delante de nosotros y que nos impiden mirar en el Ahora y comprobar el magnífico paisaje con los magníficos prados (con una hierba deliciosa, e incluso con zanahorias que no habíamos visto) que están a nuestro lado…
Pero ya me cansé de ese juego, sí, ya me cansé. Prefiero disfrutar del camino, del paso que estoy dando ahora. A veces el paisaje será más bello y otras menos, pero no importa, porque lo que me gusta es andar (al fin, ¿Dios?, al fin me he dado cuenta), lo que me gusta es vivir, sin más. También me cansé de ver un mundo deshecho en llanto, un mundo atormentado. ¿Qué sería de una luciérnaga que culpara a la oscuridad por mostrar su negrura, que culpara al mundo por ser demasiado oscuro? ¡Incauta! La luz está en ti, y cuando te enciendas ya no habrá más oscuridad y el mundo será resplandeciente. Luciérnaga, brilla, brilla como tú sola lo sabes hacer. Entonces, las demás luciérnagas también se darán cuenta de su luz y brillarán, y brillarán… y el mundo, sí, el mundo será resplandeciente, más resplandeciente todavía.
Ahora soy feliz. ¿Por qué? Porque me he rendido. Me cansé de luchar conmigo misma.
Ojalá que la felicidad que siento llegue hasta ti, lectora, lector, lectoro, y tú también se la puedas transmitir a los demás. Es una de las pocas cosas que, desde mi punto de vista, merecen la pena desear.
Pues eso, la vida no es esperar a que la tormenta pase… es aprender a bailar bajo la lluvia. ¡Geniales palabras!
Me gusta esta palabra sánscrita: Namaste (el espíritu que hay en mí honra al espíritu que hay en ti). Pues eso, Namaste. Hasta siempre. Felicidad infinita para todas, para todos y para todo.



